lunes, 8 de agosto de 2011

Un 25

Mi cumpleaños siempre es un momento de amor-odio en mi vida.

Odio el hecho de que se aproxime, la espera, la posible ilusión que me genera, me da verguenza cumplir años. Amo cuando supera las expectativas y de repente se acuerda alguien que no creí que le importaba decirme siquiera feliz cumple.

Es una cuestión de sentirse querida; me aterra ver que a algunos no les importa tanto como a otros.

Me gusta cuando de repente alguien le pega justo en la tecla y sabe leerme, emocionarme.

Me gusta cuando viene algún amigo a visitarme a mi casa y esta conmigo el día exacto. No me interesan los regalos, me gustan las cartas, los puños y letras de las personas, los abrazos y sus besos.

Me gusta que me llamen a las 12 de la noche o que estén conmigo en ese momento.

Los últimos dos han sido de los mejores de mi vida, el último especialmente. Fue hermoso, maravilloso, sucedió todo lo que tenía que pasar y más. Ese día es y sera inolvidable.

Pero eso me lleva a este año, no se puede ascender continuamente, no todo puede ser tan bueno, por eso vuelo bajo, no espero nada. No espero eso, porque no va a pasar, ya esta, fue un capítulo y fue lo más lindo que tuve en mucho tiempo pero lamentablemente y a mi pesar termino.

Es tiempo de algo más, de pasar el día, el festejo y que mi cumple número 24 sea un momento más alejado. Por lo menos eso pienso por ahora.